El cáncer de cuello uterino continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública en Argentina, a pesar de contar con herramientas concretas para su prevención. Cada año se registran más de 4.600 casos nuevos y más de 2.200 muertes asociadas a esta enfermedad en el país, según estimaciones oficiales.

Se trata de una patología estrechamente vinculada a la infección persistente por el Virus del Papiloma Humano (VPH), una de las infecciones de transmisión sexual más frecuentes. Aunque en la mayoría de los casos el virus desaparece de manera espontánea, en otros puede generar lesiones que, si no se detectan y tratan a tiempo, evolucionan hacia cáncer.

“La particularidad del cáncer cervicouterino es que contamos con herramientas concretas para prevenirlo. La vacunación contra el VPH y el Papanicolaou permiten detectar y actuar antes de que la enfermedad avance. Sin embargo, todavía vemos diagnósticos en etapas tardías por falta de controles regulares”, explicó la doctora María Florencia Herrera Matorras, especialista en tocoginecología.

En Argentina, la vacuna contra el VPH forma parte del Calendario Nacional de Vacunación y se aplica de manera gratuita a niñas y niños a partir de los 11 años. Los especialistas destacan que la inmunización antes del inicio de la vida sexual permite alcanzar la mayor protección frente a los tipos de VPH de alto riesgo, responsables de la mayoría de los casos.

A su vez, los profesionales de la salud dedicados al tema, remarcan la importancia de los controles ginecológicos periódicos. Entre ellos, los esenciales en esta dolencia son: el papanicolaou (PAP) y, en mujeres mayores de 30 años, y el test de VPH, permiten detectar lesiones precancerosas en etapas tempranas, cuando el tratamiento es más simple y efectivo.

A nivel mundial, el panorama refuerza la importancia de la prevención. El cáncer de cuello uterino es el cuarto más frecuente entre las mujeres, con alrededor de 660.000 nuevos casos y 350.000 muertes por año. La mayor carga de la enfermedad se concentra en países de ingresos bajos y medios, donde el acceso a la vacunación y a los controles es limitado, lo que profundiza las desigualdades en salud.

Sin síntomas en la primera etapa

Uno de los principales desafíos es que, en sus etapas iniciales, la enfermedad suele no presentar síntomas. Sin embargo, existen señales de alerta que requieren consulta médica, como sangrados fuera del período menstrual, después de las relaciones sexuales o tras la menopausia, flujo vaginal anormal -a veces con mal olor- y dolor pélvico persistente.

Pero además hay que tener en cuenta que en estadios más avanzados pueden aparecer pérdida de peso, cansancio, hinchazón de piernas o dolor en la espalda.

Cáncer de cuello uterino: cuál es el primer síntoma que suele aparecer

“El mayor desafío sigue siendo el acceso equitativo a la información y a los controles. Muchas mujeres no presentan síntomas en etapas iniciales, por eso es fundamental no esperar señales de alarma para consultar. La prevención salva vidas y está al alcance”, agregó Herrera Matorras.

Pese a que es uno de los pocos cánceres que puede prevenirse casi en su totalidad, su impacto sigue siendo significativo.

La combinación de vacunación y controles médicos regulares no solo reduce el riesgo individual, sino que también abre la posibilidad de avanzar hacia su eliminación como problema de salud pública.

Este es el síntoma más habitual para detectar el cáncer de cuello uterino

En este contexto, cada 26 de marzo se conmemora el Día Mundial de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, una fecha que busca reforzar la concientización y promover el acceso a las herramientas disponibles para evitar la enfermedad.